martes, 3 de abril de 2018

EN ALACENAS

"Jaulas" de Marga Colás y Pedro García


A lo que me dedico es al dolor
para dar sentido y forma
a la frustración y el sufrimiento
 Louise Bourgeois



       Como reza el dicho “aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión”. Una jaula es sinónimo de reclusión, de privación de libertad y ni siquiera un material precioso hace que sea menos cárcel. En muchas ocasiones, las jaulas tampoco tienen entidad física, son jaulas mentales, imperceptibles ante los ojos de los demás e, incluso, ante los nuestros propios. Pero las jaulas no son menos jaulas por ser de cristal. Todo lo contrario. La invisibilidad de los barrotes es doblemente peligrosa porque no permite identificar el aislamiento y, por extensión, tampoco la causa del mismo. 

     Quienes que se dedican a analizar el subconsciente sostienen que, aquellos que se ven enjaulados durante el sueño, desean expresar unas quejas que mientras están despiertos no manifiestan. La jaula se convierte así en un arquetipo arraigado en el inconsciente colectivo a través del cual expiar padecimientos e inquietudes. Louise Bourgeois dio testimonio de ello por medio de unas Celdas autobiográficas en las que purificó sus angustias y soledades en un auténtico ejercicio liberador.
 
Marga Colás

 Las jaulas (auto)impuestas de Marga Colás y Pedro García son, a través del dibujo y el collage en la primera y de la instalación en el segundo, objetos catárquicos que purgan la falsa libertad que habitamos. De este modo, los trabajos presentados por ambos artistas manifiestan cómo nuestra autonomía no es tal y cómo lo personal es también político. Al igual que en Bourgeois, en estas celdas reales o metafóricas, se intuyen elementos autobiográficos tamizados. En ella a través de las presencias y en él a través de las ausencias. Cada pieza, a modo de microcosmos, refleja una inquietud vital íntima y concreta. 

Jaulas / Marga Colás e instalación de Pedro García

“Como metidas en alacenas”, así describe la criada Poncia la vida de las hijas de Bernarda Alba en la tragedia lorquiana. La jaula de cada una de ellas, la alacena, es la crítica social y el patriarcado que no las deja vivir. La alacena es, además, un elemento que remite directamente a lo doméstico, al ámbito del hogar que es territorio femenino por adjudicación patriarcal.  
En la obra de Marga Colás la mujer también habita en alacenas. Las presiones socioculturales, la violencia sexual, los cánones de belleza como el culto a la juventud y la delgadez… Your body is a battleground sentenció Barbara Kruger. Porque sí, el cuerpo de las mujeres es un auténtico campo de batalla físico y mental. En nuestros cuerpos y en nuestras cabezas se está librando una guerra. En palabras de Carla Rice son “territorios ocupados” o, podría decirse, “enjaulados”. Incluso aunque, de vez en cuando, consigamos abrir la puerta de la jaula o hacer ceder los barrotes ayudadas por el feminismo, vivimos en un permanente estado de sitio que nos genera conflictos en nosotras mismas. En el siglo XXI las mujeres queremos romper esquemas y gritar “ésta no es la Casa de Bernarda Alba”. Sin embargo, la dicotomía “cabeza moderna/corazón patriarcal” (citando a María Antonia García de Léon) nos mantiene presas del sistema y de nosotras mismas aún sin quererlo o, lo que es más peligroso, sin ser conscientes de ello. 

Marga Colás

Acompañando y reforzando la obra de Marga Colás, el trabajo de Pedro García alude a las inquietudes existencialistas del ser humano de una manera universal pero no por ello menos íntima. La fragilidad, la memoria, la ausencia, el dolor… son abordados de una forma marcadamente introspectiva a través del empleo de elementos cotidianos, de objetos presentes en su entorno más cercano. Precisamente éstos remiten de manera directa a lo doméstico entroncando con las reflexiones de Colás.  La omnipresencia de los platos que el propio artista califica de fortuita, remite directamente al hogar, al menaje guardado en la alacena de cualquier casa. Y, de nuevo, aparece la alacena como metáfora lorquiana de la jaula. Lo femenino se hace presente. Una madre, una esposa, una hermana… Ecos, quizás, de la memoria personal, de escenas vitales y próximas aunque subsumidas en el inconsciente y que el artista logra transmitir a través de la claustrofobia psíquica que invade al espectador su instalación de una jaula a escala humana. Ésta, parapetada por una muralla de platos, alberga en su interior un único plato roto aunque recompuesto con bridas. El dolor y su superación (o apaciguamiento), los múltiples fragmentos de loza y su cicatrización a través de anclajes. 
Pedro García ha configurado una escenografía de una fuerte carga emocional a través de la dualidad entre la consistencia y la rotundidad de la jaula y la fragilidad de la arcilla. 

"Jaula" / Pedro García

"Platos" / Pedro García

Obra por obra en la exposición, ambos artistas enfrentan al espectador a la identificación de sus propias jaulas para deconstruirlas o subvertir su significado de modo que la alacena se pueda transformar en una “habitación propia”, en un cuarto conquistado y no en un espacio de aislamiento y miedos sino de empoderamiento. Marga Colás y Pedro García han trabajando juntos, remando en la misma dirección y compartiendo inquietudes complementarias. Es funesto ser un hombre o una mujer a secas; uno debe ser “mujer con algo de hombre” u “hombre con algo de mujer”, dejó sabiamente escrito Virginia Wolf, y en Jaulas este objetivo ha sido conseguido.   

"Jaulas" de Marga Colás

Artículo publicado en El Cuaderno:

miércoles, 28 de marzo de 2018

DE LO VENIDERO EN EL ARTE (UN ANÁLISIS DE ARCO2018)


          “El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”. Éste ha sido el, a priori, optimista leitmotiv de ARCOmadrid2018. En la práctica más de lo mismo pero acompañado de muchas ventas que, en el fondo, es lo que cuenta. De hecho, parece ser que se han recuperado ''posiciones previas a la crisis'' y el ambiente general de los dos primeros días así lo manifestaba a través de los numerosos coleccionistas que se veían pulular por los pasillos. Eso sí, no nos engañemos, el gran coleccionista no es español sino latinoamericano.  
¿El futuro? El futuro no sé, pero el presente de esta edición ha traído censura y una más que necesaria reivindicación de género ante la invisibilización que sufren las mujeres en el sector cultural. Entonces, visto lo visto, si éste es el futuro que paren el mundo que yo me bajo.


La feria comenzó movidita, cuando aún no había dado tiempo ni de avanzar medio pabellón tras pararte a hablar con mil y un conocidos y colegas de profesión, llegó el notición que ya no dejaría de planear sobre nuestras cabezas en los próximos días:  la retirada de la obra de Santiago Sierra que califica de “presos políticos” a Junqueras y los Jordis. La petición llegó por parte de IFEMA, no de ARCO (quien emitió un comunicado para mostrar su desacuerdo con esta medida) y su galerista Helga de Alvear, cual sumisa del sistema, aceptó retirarla. La pieza la compró un empresario catalán por una cantidad nada desdeñable. Al final todos ganan excepto la libertad de expresión. Estamos ante la primera vez en las 37 ediciones de la feria en la que se retira una obra de arte expuesta. Juzguen ustedes. 

Presos político / Santiago Sierra / Galería Helga de Alvear

El segundo aspecto controvertido de la edición, que no es nuevo en absoluto sino que es un pesado fardo a cargar en toda la Historia del Arte, es la escasa presencia de mujeres artistas. Y así seguimos. El año pasado, según las cifras proporcionadas por MAV (Mujeres en las Artes Visuales) sólo el 20% de los participantes en ARCO fueron mujeres. Y, dentro de este porcentaje, el número de artistas españolas es ínfimo. Este año la cosa andará por el estilo. Lo significativo es que, con estos porcentajes y en el maremágnum de dos pabellones repletos de arte por los cuatro costados sobresalga, a mi juicio, la obra de cuatro artistas mujeres españolas. Tres de ellas con una carrera de fondo como Concha Jerez (Aural Galería – España), Esther Ferrer (Galería Angels Barcelona- España) y Carmen Calvo (Galería Rafael Ortiz – España) y otra joven y con mucho futuro como Irma Álvarez-Laviada (Galería Luis Adelantado – España). Pero aun siendo positivo, esta selección también traduce la dificultad de acceso a los circuitos oficiales que padecen las creadoras más jóvenes.

Paisaje de la memoria / Concha Jerez / Aural Galería

Esther Ferrer / Galería Angels Barcelona

Desde ARCO se ha tratado de ofrecer una cara amable en este sentido ya que los tres programas de la feria están comisariados íntegramente por mujeres y, a través de las redes sociales, se ha realizado también alguna que otra publicación de attrezzo. Una pátina que no oculta la realidad por ello, en la primera jornada de la feria y de manera paralela a todo el revuelo de la citada obra censurada, bajo el hashtag #estamosaquí más de sesenta mujeres vinculadas al arte se unieron en una acción feminista a iniciativa de las artistas Yolanda Domínguez y María Jimeno con el objetivo de visibilizar el papel de la mujer en el arte. Con una señal roja de geolocalización como las de GoogleMaps sobre la cabeza, el grupo recorrió tranquilamente la feria con el fin de generar diálogo y sonoridad. Entre las participantes se encontraban muchas integrantes de La Caja de Pandora, un grupo de trabajo independiente, horizontal y no mixto de más de 3000 mujeres y otras identidades de género no hegemónicas, vinculadas con el arte y la cultura, organizadas y en lucha por un contexto libre de violencias machistas y abusos de poder.

#estamosaquí

En esta línea, una de las propuestas más destacadas de la feria ha sido el stand de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, organismo dependiente de la Diputación de Córdoba que, bajo el lema “ARTE, MUJERES Y FUTURO”, reunió la obra de tres destacadas creadoras: Nieves Galiot, Verónica Ruth Frías y Lola Guerrera. El comisariado corrió a cargo de Lola Molina, un orgullo de colega de profesión. Además, a través de la acción participativa I am a woman orquestada por la propia Verónica Ruth Frías, una treintena de mujeres del sector portaron carteles con los lemas que conforman la obra Pink Power exhibida en el stand. Éste sí es el futuro damas y caballeros. El proyecto se acompañó de un catálogo muy cuidado en cuanto al contenido y en el que Lola Molina sentencia: “La presente exposición brinda una nueva oportunidad para apreciar la calidad de la que goza la creación contemporánea cordobesa. Confiamos en aportar nuestro granito de arena a la visibilización de la riqueza de planteamientos del trabajo artístico de las mujeres”. Pasen y vean diputaciones varias del territorio nacional y, por favor, tomen ejemplo.

Arte, Mujeres y Futuro / Fundación Rafael Botí

Retomando una anotación del inicio del artículo y analizando la feria globalmente, en este ARCO 2018 ha destacado el coleccionista latinoamericano, no en vano uno de los Premios “A” al Coleccionismo en su 22ª Edición ha recaído en la Colección Ella Fontanals Cisneros “por la visibilidad que su colección y la Fundación CIFO (Cisneros Fontanals Art Foundation) han dado a los artistas de Latinoamérica”. Por este motivo se presentó en el pabellón 9, en un pequeño espacio a modo de gabinete, una selección de obras de esta colección como testimonio de la labor realizada. Entre ellas, destaco especialmente los trabajos de Doris Salcedo (Colombia) y un vídeo en 8mm de Ana Mendieta (Cuba) titulado “Corazón de roca con sangre”.

Doris Salcedo y Ana Mendieta / Colección Ella Fontanals Cisneros

Las galerías y los artistas con propuestas más interesantes también provienen de América Latina. Es el caso de galerías como Carmen Araujo (Venezuela), Del Infinito Arte (Argentina), Casas Riegner (Colombia), Nueveochenta (Colombia), Instituto de Visión (Colombia), Marso (México) o Isabel Aninat (Chile). 

Nueveochenta (Bogotá)

Instituto de Visión (Bogotá)

Y, en relación a los artistas, merecen mención Sandra Gamarra (Perú) con las galerías 80M2 Livia Benavides (Perú) y Juana de Aizpuru (España), Dora Longo Bahía (Brasil) con Vermelho (Brasil), Norman Morales (Guatemala) con la galería Rafael Ortiz (España), Abel Barroso (Cuba) con Michel Soskine (con sede en Nueva York y Madrid) y Francois Bucher (Colombia) representado por Alarcón Criado (España) con una de las mejores piezas de toda la feria titulada “El Archivo Macondo (La curva del tiempo cero)” compuesta por 26.454 fotografías de gente anónima tomadas entre los años 80 y 90 en la ciudad de Bogotá.

Dora Longo Bahía / Vermelho

El Archivo Macondo / François Bucher / Alarcón Criado

El Archivo Macondo (detalle) / François Bucher / Alarcón Criado

Al margen de esta selección resulta imposible no hacer alusión a tres rincones top de ARCO 2018 protagonizados por Marcel Dzama en Helga de Alvear (España), por William Kentridge en Kewenig (con sede en Berlín y Palma de Mallorca) y por el proyecto especial de la berlinesa Thomas Schulte con Gordon Matta-Clark.

William Kentridge / Kewenig

Gordon Matta-Clark / Thomas Schulte

El próximo año más y mejor como suele decirse. Pero, si hubiese que resumir esta edición en tres palabras serían: Censura, Feminismo y Latinoamérica. Augurando que, la impronta de ésta última irá in crescendo pues Perú será el país invitado de la próxima edición. Lo venidero en el arte, sin necesidad de sofisticadas reflexiones sobre el futuro, nos lo muestra ya nuestro presente siempre y cuando permanezcamos atentos a todos los movimientos generados a nuestro alrededor.
Y, después de arte-alcoholizarme durante varios días, finalizo con una frase leída en mis múltiples paseos por los dos pabellones de ARCO: “Arte que me hiciste mal y sin embargo te quiero”. Fin de feria.

Federico Manuel Peralta Ramos - Del Infinito Galería

Artículo publicado en:
El Cuaderno 
Bcollector



viernes, 29 de diciembre de 2017

CARTOGRAFÍAS DEL DEVENIR CORPORAL

Las fronteras entre ciencia ficción
y realidad social son una ilusión óptica.
Donna Haraway
(Manifiesto Cyborg, 1985)


¿Qué será de la evolución humana y en qué grado dependerá de la tecnología? ¿Llegaremos a fabricar nuestros propios cuerpos? ¿Qué somos o qué estamos dejando de ser? ¿La hipertecnologización conducirá a la deshumanización? Muchas son las preguntas y demasiado especulativas las respuestas. Lo posthumano camina en las arenas movedizas de un futuro que ya está aquí. Ni utopía ni ciencia ficción. El superhombre de Nietzsche es el cyborg del hoy.

María Castellanos & Alberto Valverde

El ser humano siempre ha recurrido a la tecnología para dar soluciones a las limitaciones del cuerpo. Iván Mejía en su ensayo El cuerpo posthumano afirma: “El cuerpo intervenido por la tecnología es absolutamente tangible en diferentes momentos de la historia. Desde que esta relación, cuerpo-tecnología, se concebía de una manera antagónica, hasta que es posible su triunfal simbiosis. Así, progresivamente, las nuevas máquinas, y todo tipo de dispositivos, se han ido adaptando, introduciendo, o integrando —como los lentes de contacto, los estimuladores cardíacos, u otras prótesis— al cuerpo. Ello, sin referirnos, aún, a los avances científicos como la clonación y la ingeniería genética, que implican cambios sustanciales en el (ex)ser humano y todos los aspectos de la vida.”
La tecnociencia y la biotecnología dibujan nuevas cartografías de un devenir corporal a medio camino entre el imaginario y la realidad. En Ensayo y error del posthumano María Castellanos & Alberto Valverde exploran la relación entre cuerpo, tecnología y arte contemporáneo. Su doble objetivo se centra, en sus propias palabras, en “investigar sobre los nuevos paradigmas de la escultura desde el uso de herramientas de fabricación digital y en indagar acerca de cómo será el futuro humano amplificado por la tecnología, en definitiva, averiguar el porvenir de lo posthumano y establecer de algún modo el canon de ese futuro ser.”


En 1992, tuvo lugar la primera exposición que abordó dicho campo de producción. Titulada Post Human fue organizada por el comisario norteamericano Jeffrey Deitch y en ella participaron diversos artistas que, como Cindy Sherman, Yasumasa Morimura o Kiki Smith, se enfrentaron a la reorganización tecnológica del cuerpo. Está claro que éste, como afirmó Patricia Mayayo, “ha dejado de ser una realidad estable para convertirse en un proyecto cambiante, susceptible de ser reinventado y reconstruido sin cesar, a medio camino entre lo orgánico y la máquina; un cuerpo, en una palabra, posthumano”. 


La literatura y el cine han sido terrenos especialmente fértiles para estas reflexiones. Acaecida la muerte de Dios, Gott ist tot que diría el filósofo alemán, Prometeo le ha sustituido. El hombre se erige en dador de vida. Lo hizo el profesor Spalanzani en El hombre de la arena (1816) de E.T.A. Hoffmann, Frankenstein (1818) en la novela de Mary Shelley, el científico Rotwang en Metrópolis (1926) de Fritz Lang y el doctor Eldon Tyrell en Blade Runner (1982) de Ridley Scott. Los ejemplos son interminables, pero en todos ellos es posible apreciar la dicotomía como eje central del debate: natural/artificial, orgánico/inorgánico, ficción/realidad, mente/cuerpo, hombre/mujer, naturaleza/cultura…
María Castellanos & Alberto Valverde afrontan el proyecto con la mente puesta en superar estas dualidades y como una obra abierta, como un work in progress acorde al propio carácter procesual y de mutación de lo posthumano. Así, el ser resultante no ha sido concebido de forma canónica sino como un “ensayo visual” acerca de cómo podría ser en un futuro no muy lejano. Para llevarlo a cabo crearon su propia herramienta: una impresora 3D de aluminio y metacrilato capaz de imprimir esculturas a escala humana. Previamente escanearon a dos modelos desnudos, uno femenino y otro masculino, en muchas de las ocasiones repitiendo la misma pose en ambos con el objetivo de poder mezclar los cuerpos digitalmente para trasladarlos posteriormente a la impresora.



 En Ensayo y error del posthumano el ser resultante goza de un cerebro de mayor tamaño y el placer sexual le vendría dado por él y por la conexión con el cerebro de otro posthumano. Sus pies prescinden de los dedos y tiene partes vegetativas para poder beneficiarse de algunas de las funciones de las plantas como es la fotosíntesis. La hibridación es premisa fundamental. No es ni hombre ni mujer, sino un ser postgenérico inspirado en el Manifiesto Cyborg (1985) de Donna Haraway para quien el género es una categoría obsoleta.  La importancia del cyborg radica en que liberará a los humanos de su propia condición humana. Es transgresor, un arma política y de reflexión que, en su función salvífica, es capaz de subvertir las dominaciones de raza, sexo y clase simbolizando, asimismo, la lucha y la resistencia ante el patriarcado, el colonialismo y el capitalismo. Haraway aboga por la “tradición utópica de imaginar un mundo sin géneros, sin génesis y, quizás, sin fin”. Aunque, llegados a este punto, ¿tendría sentido la vida sin la muerte?


El término cyborg (del acrónimo cyber, cibernético y organism, organismo; es decir, organismo cibernético) fue acuñado ya en 1960 por Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline para referirse a un ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres. Francesc Mestres y Josep Vives-Rego en su texto Reflexiones sobre los cyborgs y los robots: Evolución humana y aumentación recogen que Clynes y Kline “llegaron a esa idea después de pensar sobre la necesidad de una relación más íntima entre los humanos y las máquinas en un momento en que empezaba a trazarse la nueva frontera representada por la exploración el espacio. Los creadores del término cyborg pensaban en un proceso de autoconstrucción y mejora humana o aumentación y no en un proceso de creación de novo total y externo al propio ser humano. Esta concepción de cyborg, como humano mejorado o autoconstruido, no coincide con la que se refleja generalmente en las películas de ciencia ficción y que se encuentra en el imaginario social. En estos casos se sobrentiende que los cyborgs han sido fabricados en sofisticados laboratorios futuristas”.
A ello debe añadirse que la literatura y el cine están plagadas de excéntricos científicos que, en un segundo análisis, constituyen figuras herederas de un régimen heteropatriarcal. Desde la misoginia de La Eva Futura de Villiers de l`Isle-Adam a la fabricación de autómatas que perpetúan el rol de la femme fatale como el robot Futura de Metrópolis, llegando hasta la replicante Pris concebida como “un modelo básico de placer”.  El futuro posthumano no es abordado al margen del género de ahí la impronta conceptual que el Manifiesto cyborg de Haraway tiene en el proyecto de María Castellanos & Alberto Valverde en aras de la consecución de su propio sujeto postgénerico.


Ensayo y error del posthumano deconstruye el cuerpo humano borrando fronteras. Los tecnófilos lo admirarán mientras los tecnófobos verán en ello la distopía de una tiranía tecnológica fagocitadora. El dualismo vuelve, ¿estamos ante una mejora de lo orgánico o ante un dominio de la máquina de consecuencias imprevisibles? En nuestras manos queda elegir si posicionarnos del lado de los apocalípticos o de los integrados.




miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA CASA ALBERGA EL ENSUEÑO

“La casa es un escenario concreto,
íntimo y único de la vida de cada uno,
mientras que una noción más amplia de
la arquitectura implica generalización,
distancia, abstracción.”

Habitar, Juhani Pallasmaa


Cuando Ella May y Tike Hamlin maldecían su casucha de madera al tiempo que ansiaban una de adobe, posicionaban a la deseada “casa de tierra” y a su antítesis ruinosa en el eje central de sus vidas. De ello se traduce que la casa no sólo es un espacio físico, sino también simbólico. No sólo es una construcción de ladrillos o tablas, sino también de recuerdos y sueños. Su significado va más allá del mero hecho de dar cobijo, es un espacio afectivo que refleja la identidad de quien la habita.
“¿Cuánto tiempo más vamos a quedarnos atrapados en esta vieja cárcel?”. Woody Guthrie ponía en boca de Ella May estas palabras porque en la novela “Una casa de tierra” el hogar dulce hogar no existe salvo en el ensueño.

Lovington (acrílico sobre lienzo, 100 x 100 cm)

En “Somewhere… Nowhere” Mónica Dixon enfrenta al espectador como sujeto habitacional a una doble realidad: la casa onírica frente a la arquitectura abstracta, el hogar quimérico versus un escenario caracterizado por la neutralidad espacial. El primero representado en su aspecto exterior y el segundo de manera interior. El dentro y el fuera deberían tener una continuidad, una complementariedad, pero lo cierto es que estas obras se singularizan precisamente por eso, por la tensión y la dicotomía existente entre ambas partes aun cuando la ausencia del morador sea nexo común en los dos enfoques.  
Es más que probable que Juhani Pallasmaa tenga razón al afirmar que “quizás la idea de hogar no sea en absoluto una noción propia de la arquitectura, sino de la sociología, la psicología y el psicoanálisis”. El hogar dulce hogar está simbolizado por la noción de la «casa onírica» definida por Gaston Bachelard en su libro La poética del espacio. Ésta debería tener un desván y un sótano. El primero corresponde al lugar simbólico donde almacenar los recuerdos agradables, mientras que los desagradables se guardan en el segundo. El prototipo mental de «casa onírica» es condición sine qua non para el arraigo metafísico de su habitante. Para Carl G. Jung, los arquetipos arquitectónicos corresponderían a unas imágenes primigenias vinculadas a experiencias, emociones y asociaciones. Los paisajes con casa de Dixon estarían en esta categoría, mientras que los interiores, protagonizados por conceptos como el espacio y la luz quedarían al margen de esas imágenes universales de la mente humana.

Nowhere nº 5 (acrílico sobre lienzo, 50 x 50 cm)

“La casa alberga el ensueño”, dejó escrito Bachelard. Y es que, para el filósofo francés, “los recuerdos de las antiguas moradas se reviven como ensueños, las moradas del pasado son en nosotros imperecederas”. El hogar originario acompaña al habitante-soñador el resto de sus días a pesar, incluso, de los cambios de domicilio. Porque el ensueño remite a sensaciones, a olores… no tanto a aspectos espaciales y arquitectónicos. Nuestro inconsciente estaría agazapado en la morada primitiva y lo más próximo a ésta sería la casa natal. A lo mejor una de las claves de los paisajes de Mónica Dixon está ahí, en su memoria, en unos escenarios mentales de lugares que no existen o sólo lo hacen en pequeñas dosis como reflejo de algún territorio subsumido en el inconsciente de la pintora y sus orígenes norteamericanos. Grandes planicies, territorios de viento y polvo en Oklahoma, Colorado, Kansas, Nebraska o el Panhandle de Texas en el que vivió Woody Guthrie y que es leitmotiv de su citada novela.  Casas solitarias, aisladas y vulnerables en la amplitud de la llanura merced a los elementos naturales y marcadas por el estigma de un pasado, pero no olvidado, Dust Bowl. Es el paisaje de Guthrie, pero también de John Steinbeck o de la fotografía de Dorothea Lange.

Riverview (acrílico sobre lienzo, 50 x 50 cm)

La arquitectura moderna ha procurado evitar o eliminar la imagen de la «casa onírica». Según Pallamaa “parece haber abandonado por completo la vida y haber huido hacia la pura invención arquitectónica. La arquitectura auténtica representa y refleja un modo de vida, una imagen de la vida. En lugar de eso, los edificios contemporáneos a menudo parecen vacíos y no parecen representar un modo de vida real ni auténtico. La vanguardia arquitectónica contemporánea ha rechazado conscientemente el concepto de hogar”. Bajo nuestra idea sociocultural de casa esperamos que sus espacios estén divididos en salas, dormitorios, baños… pero en los interiores de “Somewhere… Nowhere” eso no ocurre generando inquietud y una cierta desorientación. Cuando uno accede a una vivienda entra en el mundo de quien la habita a través de sus muebles, de sus objetos personales. Aquí no hay nada excepto un juego arquitectónico de luz y espacio. Ni siquiera sabemos si, realmente, se trata de una casa. Podría ser cualquier espacio de tránsito en cualquier edificio de cualquier parte del mundo. Son interiores que no revelan la intimidad del hogar. ¿Una casa deshabitada conserva la condición de casa?

Scape nº 2 (acrílico sobre lienzo, 120 x 120 cm)

 Hay algo en los lienzos de Mónica Dixon que hace al espectador contener la respiración. En un primer momento puede vincularse a su perfección técnica y la atmósfera detenida. Pero la asepsia estética de su trabajo no es la única causante porque, en una segunda lectura, nos hacemos conscientes de que el auténtico punch de sus obras radica en enfrentarnos al habitar en su estado más puro y especulativo. Como sujetos contemporáneos de una sociedad que vive en constante cambio y aceleración, la quietud de estas obras nos traslada a una reflexión metafísica profunda. Ante estas casas que parece no habitar nadie surgen las dudas, ¿es el hombre del presente un hombre sin casa como se preguntó Otto Friedrich Bollnow? Tal vez, como sostiene la filósofa Françoise Collin, “en cierto modo, ahora llevamos nuestra casa a la espalda como el caracol. Nuestro hogar está en cualquier parte que nosotros estemos”. Porque quizás, y volviendo a Bollnow, “habitar más que la posesión de una casa es una disposición espiritual interior del sujeto”. 





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